Desde los últimos vientos fuertes, este árbol que está subiendo hacia el Taoro, está en estas condiciones. Esta zona aparentemente se cuida, pero nadie se ha tomado la molestia de replantarlo. Ya incluso creo que los que subimos por aquí con frecuencia, nos hemos acostumbrado a verlo así, lo mismo que pasa a muchos vecinos con las fachadas de sus casas, a muchos comercios con sus escaparates anquilosados en el tiempo, lo mismo que a algunos establecimientos alojativos, que restaurantes, que bares, etc, etc.
Nos movilizamos por las grandes obras, sin parar a pensar que podemos ya contribuir al futuro de nuestro destino con los pequeños detalles, aquellos que están ahí mismo, que los vemos todos los días pero que por costumbre, no paramos a pensar en ellos.